Tus labios el gusto
a cebada tenían,
mezclado con el alcohol
que que tu lengua conservaba.
La mía travieza
tu boca recorría.
Mientras que tus manos
de mí ropa me despojaban.
Me fuistes haciendo vulnerable
hasta desear que el verbo
terminar no actúe.
Por tus besos
el extasis.
Por tus besos
de rodillas tienes a la poeta.
Nos separamos de golpe,
nos distanciamos poco.
Para volver cuando
el deseo a gritos
nos reclame nuestros cuerpos,
nos reclame a los dos locos.
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