martes, 28 de febrero de 2012

Las cosas tienden a deformarse

¿Qué quiso decir con eso?
Quisás que me habla del cuerpo muerto, que de la riguidés isotérmica, después de determinado tiempo de goce de los seres más hambrientos de muerte; Putefracto estado.
Llegan a tener formas indeterminadas para mi imaginación.
Determinada a la deformidad que llegan a poseer.
Hermoso ciclo de descompocición.
Las cosas... ¿Serán esas que tú tienes?
Hablo de ese arrogante silencio que se deforma con la risa.
Hasta la risa misma tiende a deformarse.
¿O será tú forma de caminar?
Rapidito, pasos que pisan blancos y negros (Por así decirlo).
¿Se deformará algún día?. Las cosas tienden a deformarse.
¡Cómo quisiera que fueras cosa para que tú también te deformaras!
Amaría tú deformidad, porque a la mia se asemejaría.
Y serías el caos de mis fantasías,
y el beso de despedída.
El perfecto complemento que le faltaba a mí pobre poesia.
Pero hay algo que no tendió a deformarse,
porque diría que así ha nacido.
Mi cabeza por naturaleza,
adquirió una estable deformidad. Donde aprecia lo finito de la vida y las flores, donde se mezclan tanto en las tumbas, como en los altares.
De ellas los colores, de la vida los olores.
Mi corazón suele pararse a observar.
¿Por qué deforme? ¿Por observar las flores de tú vida?
Las flores, a mi vista por si solas son deformes,
y más hermosas cuando el tiempo las toca.
Desojándolas de los colores.
Haciéndolas frágiles, ya marchitas. Se parecen al resto.
Su deformidad en los colores,
su marchita igualdad.
Podría seguir hablando de lo deforme de mi cabeza, de como los sonidos en ahí aumentan, y los pequeños gestos impactan. Las cosas tienden a deformarse dentro, así como tus cosas, las que haces y las que amas.

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