martes, 28 de febrero de 2012

¡Idílico todo nuestro idilio!

El tiempo como si estuviese agradecido,
la fugacidad en mis días a pactado.
Fugaz hacia ti fue la respuesta
tú y mí disposición
fueron discretos.

Necesario se me había hecho el encuentro
hasta el momento en el que
me pareció normal e improvisado.

Y al declarar la necesidad de sed justa de tus labios,
 se me hizo fácil
tu objetivo analizarlo.
Nos dirigimos a mi posada
en busca de tiempo espacio merecido.
Y encontramos eso y placidez
en un vaso que se nos hizo
corto al transcurrir-lo.

Y esos ojos... Al dormir los veo
en sueños de poetas cansados y viejos,
con sus retratos de vidas sombrías
y vacíos espejos.

Tienes la mirada que sueño en ellos,
y su color no es más que
un montón de peces de río. 

Cuando los clavas viertes tú agua sobre mi sábana,
y para secar a las saladas
tus manos encienden mi cuerpo como llamas.

Qué termináramos ahí,
¿Quién lo diría?
Hicimos realidad la fantasía.
Esa noche se sinceraron aún más
nuestras palabras.

Y como amantes en su última noche,
como novios en su primera mirada,
como esposos en la noche de bodas,
se nos explotó la calma.
La excitación se nos hizo prolongada
y la imaginación apresurada nos perturbaba.

Queriendo no perder el tiempo
nuestras mentes se conectaban,
y el intersticio entre nosotros se acababa.
¡Idílico todo a vociferantes voces
nuestro idilio!
Exceso tú sexo,
exhaustiva mi entrega hacia ti.
Mi ilustración se hará en base a tú piel,
que aún es ignota para mí.

Y por ella me haré voluptuosa a tú ser.
Fuiste muy vehemente he
impregnaste mi memoria.

Ahora mi veleidad por ti será eterna,
y no existirá volubilidad
en mi persona.

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