Satánicamente hermoso,
morbózamente productivo.
Esos son tús labios
sobre los míos.
Mi ausencia de luz
es a la una de la tarde,
cuando tú apagas al sol
para desnudarme.
Satánicamente hermoso,
morbózamente productivo,
es el sexo de los sonidos.
Exclamamos que en un beso
partimos cielo, infierno y al Nilo.
Juramos que en el sexo
tocamos los paraisos artificiales
como dos enfermizos.
Juramos lo injurable,
amamos nuestros cuerpos en trance.
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